Quería conocerte
Había decidido poner distancia, aunque sabía que su corazón no resistiría Pablo terminó de guardar sus pocas pertenencias en la maleta y emprendió camino sin saber a dónde ir.
Le resultaba difícil vivir el duelo de la separación, fue tanto tiempo y de pronto, un día ya no estarían juntos.
Pablo, subido en su auto compacto, escuchando música a todo volumen como para tapar sus pensamientos intentó escapar de sus emociones, pero no pudo. Aún sentía en la piel todo el tiempo que había vivido a su lado y en el sufrimiento que le causaría a “su hijo” cuando despertara y preguntara por él. Qué le diría Eva, cómo consolaría su llanto. Pablo y el niño se habían vuelto uno.
Manejó toda la noche, casi al amanecer, llegó a un hotel cerca de Veracruz, decidió dormir ahí, el cansancio lo vencía y las lágrimas no le permitían más mantener los ojos abiertos. Bajó la maleta del auto, se registró y entró a la habitación. Quería tomar un baño pero pensó que el agua lo despertaría y él deseaba dormir.
Se quitó la ropa y se metió en la cama, en pocos minutos se quedó dormido. Tuvo un sueño.
Soñó que ni el corazón ni el alma le dolían, estaba en casa con “su hijo”, lo abrazaba y jugaba con él. Eva los veía desde la ventana de la sala. Cuando Pablo despertó notó que sonreía. Entonces se preguntó porqué a veces, a pesar de amarse tanto, las personas no pueden estar juntas. Era una pregunta que se había hecho constantemente en los últimos meses y no encontraba respuesta.
Se levantó y decidió llamar a Eva para preguntar por “su hijo” y para saber cómo estaba ella.
- ¿Eva? Soy Pablo, sólo quería saber cómo está el niño... ¿cómo estás tú?
- Bien, te extraña y yo también te extraño – respondió Eva-
- ¿Por qué tuvimos que llegar a esto? ¿Qué sucedió? ¿Cuándo te perdí? ¿Cuándo nos perdimos? – preguntó él-
- No lo sé, sigo amándote, nunca he dejado de hacerlo. No entiendo qué nos pasó –dijo ella, con la voz temblorosa, a punto de llanto-
- Quisiera que tú y yo estuviéramos bien, no juntos, pero bien. Que pudiéramos vernos como los amigos que siempre fuimos y tal vez, hacer algo juntos de vez en cuando.
- ¿No te das cuenta, que tenerte cerca me hace daño? Te amo. Me duele que no estés. Tú decidiste irte y ahora quieres que yo intente estar bien, como antes –respondió ofendida Eva-
- No podemos estar juntos, sé que es difícil, pero por favor entiéndeme –dijo Pablo-
- Te entiendo. Sólo respóndeme una cosa: ¿Qué pretendías cuando te cruzaste en mi camino? ¿Qué querías de mí? –exigió Eva-
- No lo sé. No sabía que iba a quererte tanto, ni que tú me amarías con tal intensidad. Al principio, antes de querer al niño, antes de amarte, creo que sólo quería conocerte…
Pablo colgó el teléfono y se dio cuenta que había perdido a la mujer que lo amaba con toda su alma.
El sonido de los autos y camiones en la carretera opacaban los sollozos de Pablo, quien se quedó tumbado en la cama y sin otro pensamiento que Eva y “su hijo”.



