No miento cuando digo que te extraño y duele no tenerte aquí, junto a mí.
Recuerdo el olor de tu cabello esa tarde de lluvia, esas líneas alrededor de tus ojos que los hacen profundos e interesantes, el color de tu camisa… el calor de tu mirada.
Extraño el sabor de tus besos, la fuerza de tus manos, el roce de tus dedos, tus labios sobre mí resbalando suavemente.
Extraño el aroma de tu cuerpo impregnando el ambiente. Sí…te extraño, en las noches sin luna, donde las estrellas iluminan el cielo y el viento canta su canción interminable. Evoco el momento y te miro enredándome en tus brazos, inmortalizo tus caricias que me dejan sin aliento, que me embriagan del placer más candente; extraño esa sensación de delirio que me invade al tenerte dentro… extraño tu pasión al poseerme, como la primera vez… como la última vez.
¡Cómo extraño tu voz! esa voz que me acaricia los sentidos, jugando sobre mi cuello, en susurros de obsceno placer. Conservo mis deseos contenidos, escondidos en mi mente, casi apagados, pero tan vivos por ti, extraño este pecado que alimenta el hambre de mi piel por ti…
Sí... te extraño. Extraño verte y escucharte… extraño desearte como tantas veces, donde nuestras húmedas bocas no se sacian nunca, extraño lo bello de tu silencio; lo dulce que suena mi nombre en tus labios y pronunciar el tuyo.
Alguna vez pensé que podía olvidarte, pero cada vez que estás cerca, me doy cuenta que no puedo, no quiero, te extraño como a nada, como a todo…